domingo, 26 de agosto de 2018

01. RECIBIRÉIS PODER: PERSONA, PRESENCIA Y OBRA DEL ESPÍRITU SANTO. (EGW). I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU



01. LA PROMESA DEL ESPÍRITU.
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.  (Juan 14: 16.)
Cuando Cristo dio a sus discípulos la promesa del Espíritu, se estaba acercando al fin de su ministerio terrenal.  A la sombra de la cruz estaba con una comprensión plena de la carga de culpa que estaba por recaer sobre él como portador del pecado.  Antes de ofrecerse a sí mismo como víctima destinada al sacrificio, instruyó a sus discípulos en cuanto a la dádiva más esencial y completa que iba a conceder a sus seguidores; el don de los recursos inagotables de su gracia.
"Y yo rogaré al Padre" -dijo él-,  "y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir porque no le ve, ni le conoce, pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros" (Juan 14: 16, 17).  El Salvador estaba señalando de antemano el tiempo cuando el Espíritu Santo, como su representante, vendría para realizar una obra poderosa.  El mal que se había estado acumulando durante siglos, habría de ser resistido por el divino poder del Espíritu Santo...
La promesa del Espíritu Santo no se limita a ninguna edad ni raza.  Cristo declaró que la influencia divina de su Espíritu estaría con sus seguidores hasta el fin.  Desde el día de Pentecostés hasta ahora, el Consolador ha sido enviado a todos los que se han entregado plenamente al Señor y a su servicio.  A todo el que ha aceptado a Cristo como su Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador, guía y testigo.  Cuanto más cerca de Dios han andado los creyentes, más clara y poderosamente han testificado del amor de su Redentor y de su gracia salvadora.  Los hombres y mujeres que a través de largos siglos de persecución y prueba gozaron en sus vidas de una medida de la presencia del Espíritu, se destacaron como señales y prodigios en el mundo.  Revelaron ante los ángeles y los hombres el poder transformador del amor redentor.- Los hechos de los apóstoles, pp. 39, 40. 12

02. EL CONSOLADOR.
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  (Juan 16: 13).
¿Cómo podremos permanecer fieles si en el día de la prueba no entendemos las palabras de Cristo?  Él dijo: "Os he dicho estas cosas estando con vosotros.  Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho"  (Juan 14: 25, 26).  Es el Espíritu Santo quien nos recuerda las palabras de Cristo.  En su último discurso, el tema que escogió para presentar ante sus discípulos fue el ministerio del Espíritu Santo.  Abrió frente a ellos una gama muy amplia de verdades.  Debían recibir sus palabras por fe, y el Consolador les haría recordar todas las cosas.
El consuelo que Cristo les impartió mediante esta promesa tiene su fundamento en que la divina influencia estaría con sus seguidores hasta el fin.  Pero su ofrecimiento no es aceptado ni creído por la gente en nuestros días, y la iglesia tampoco lo aprecia ni espera su cumplimiento.  La promesa del don del Espíritu de Dios se considera como un asunto de poca importancia para ella.  No ha dejado sus huellas en los feligreses y, en consecuencia, los resultados no pueden ser diferentes: sequía espiritual, oscuridad espiritual, decadencia y, por ende, muerte espiritual.  Asuntos triviales ocupan la mente de los creyentes.  Sin embargo, la posesión de este poder divino -necesario para el crecimiento y la prosperidad de la iglesia-, traería todas las otras bendiciones de las cuales carece, y que se nos promete en su infinita plenitud.  Mientras la iglesia se conforme con asuntos de poca importancia, continuará descalificándose para recibir los dones mayores que Dios ofrece. ¿Por qué será que no tenemos hambre y sed de recibir este regalo del Espíritu Santo, siendo éste una virtud que puede mantener puro el corazón?  En los designios del Señor, el poder divino debe cooperar con el esfuerzo humano.
Es fundamental que el creyente comprenda el significado de la promesa del Espíritu Santo antes que Jesús venga por segunda vez.  Hablen acerca de esto, oren por él, prediquen acerca de él; porque el Señor está más deseoso de conceder el Espíritu Santo que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos.   "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3: 16). 
Review and Herald, 15 de noviembre de 1892. 13

03. LA NATURALEZA DEL ESPÍRITU: UN MISTERIO.
El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. (Juan 14: 17).
No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu Santo.  Cristo nos dice que el Espíritu es el Consolador, "el Espíritu de verdad el cual procede del Padre".  Se asevera claramente tocante al Espíritu Santo, que en su obra de guiar a los hombres a toda verdad "no hablará por su propia cuenta" 
(Juan 15: 26; 16: 13).
La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio.  Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado.  Los hombres que albergan opiniones fantásticas pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia.  En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro.
Se especifica claramente el oficio del Espíritu Santo en las palabras de Cristo: "Cuando él venga, convencerá de pecado, y de justicia, y de juicio" (Juan 16: 8).  Es el Espíritu Santo el que convence de pecado.  
Si el pecador responde a la influencia vivificadora del Espíritu, será inducido a arrepentirse y a comprender la importancia de obedecer los requerimientos divinos.
Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.  " Tomará de lo mío, y os lo hará saber", dijo Cristo.  "Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Juan 16: 14; 14: 26).
El Espíritu Santo se otorga como agente regenerador para proporcionarle eficacia a la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor.  El Espíritu Santo constantemente está tratando de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y de abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras. Los hechos de los apóstoles, pp. 42, 43. 14

04. EL ESPÍRITU: UN TESTIGO.
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.  (Romanos 8: 16).
Si el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, ¿cuáles serán los resultados?  El creyente someterá todo su ser a la voluntad divina.  Entonces, en su maravillosa condescendencia, la Majestad de los cielos establece una santa relación familiar con los que lo buscan de todo corazón.  Como consecuencia, mediante una abundante manifestación de la gracia de Dios, el hijo del Altísimo -el creyente-, es llevado a mantener con su Padre una dependencia semejante a la de los niños con los suyos.  Consagre a Dios todo su ser cuerpo y espíritu con entera confianza en su poder y en su voluntad de bendecirlo, no importa cuán desvalido e indigno sea usted.  "Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1: 12).
No caiga en la actividad impaciente, sino sea celoso en la fe, con un sólo propósito definido: atraer creyentes a Cristo, el Redentor crucificado.  Esta obra no se realiza como resultado de un sermón lógico que logra convencer al intelecto.  El corazón necesita ser persuadido y ablandado por la ternura.  La voluntad tiene que ser sometida al arbitrio de Dios, y todas las aspiraciones deben tener una orientación celestial.  Aliméntese de la Palabra del Dios viviente.  El efecto debe verse en la vida práctica.  Ella debe apoderarse de los comandos de todo el ser. . .
Cuando confiemos plenamente en Cristo, nos daremos a nosotros mismos en ofrenda a Dios.  Nuestra dependencia estará centrada en la virtud y en la intercesión de Cristo como nuestra única esperanza.  No hay confusión, ni sospecha, puesto que por la fe vemos a Jesús, el enviado de Dios, cuya misión es lograr la reconciliación con los pecadores.  Si deseamos creer solamente en Cristo, él está comprometido con un pacto solemne de mediar en favor de los que, por su intermedio, se acercan al Padre, con el propósito de garantizar su salvación.  Este privilegio está garantizado si nos acercamos confiadamente el trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. 
Manuscript Releases, t. 14, pp. 276, 277. 15

05. EL REPRESENTANTE DE CRISTO.
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.  (Juan 16: 7).
"Espíritu de verdad" es el nombre que se da al Consolador.  Su obra consiste en definir y mantener la verdad.  Primero habita en el corazón como el Espíritu de verdad; de este modo, llega a ser el Consolador.  En la verdad hay tranquilidad y paz, lo cual no se puede hallar en el error.  Satanás conquista el poder sobre la mente a través de falsas teorías y tradiciones.  El enemigo logra desfigurar el carácter e imponer la adopción de falsas normas.  Mediante las Escrituras el Espíritu Santo habla a la mente, e imprime la verdad en el corazón.  De este modo expone el error y lo expulsa del creyente.  Por el Espíritu de verdad, obrando por intermedio de la Palabra de Dios, Cristo une a los suyos a sí mismo.
Al describir a sus discípulos la obra del Espíritu Santo, Jesús quiso inspirarlos para que alcanzaran el mismo gozo y la alegría que llenaba su propio corazón.  Se regocijó con la ayuda abundante que había provisto para su iglesia.  El Consolador era el más excelso de los dones que podría solicitar al Padre con el propósito de exaltar a su pueblo.  Fue dado como el agente regenerador, y sin este don el sacrificio de Cristo hubiera sido en vano.  Por siglos el poder maligno se había fortalecido hasta el punto que era asombrosa la sumisión del hombre a la cautividad satánica.  El pecado puede ser resistido y vencido únicamente por la intervención poderosa de la tercera persona de la Deidad, que no vendría con una energía modificada, sino en la plenitud del poder divino.  El Espíritu es el que hace efectivo lo que logró el Redentor del mundo.  Mediante el Consolador el corazón se purifica.  Gracias a su obra el creyente llega a ser participante de la naturaleza divina.  Cristo nos dio el divino poder de su Espíritu para que podamos vencer las tendencias al mal, sean heredades o cultivadas, y para imprimir en la iglesia su propio carácter.
 Review and Herald, 19 de noviembre de 1908. 16

06. LA PALOMA CELESTIAL.
También dio Juan testimonio, diciendo: 
Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, 
y permaneció sobre él. (Juan 1:32).
Cristo es nuestro ejemplo en todo. En respuesta a la oración que elevó a su Padre, el cielo se abrió, y el Espíritu, semejante a una paloma, descendió sobre él.  Por el Espíritu Santo es como Dios, además de establecer comunicación con el hombre, también mora en el corazón de los que son fieles y obedientes.  Los que lo busquen en forma sincera, con el fin de recibir sabiduría para resistir a Satanás, recibirán luz y fortaleza en la hora de la tentación.  Debemos vencer del mismo modo como Cristo triunfó.
Jesús comenzó su ministerio público con una súplica, ferviente.  Con ello nos dejó un ejemplo acerca de la importancia que tiene la oración para adquirir una experiencia cristiana victoriosa.  Su constante comunión con el Padre constituye un modelo que haríamos bien en imitar.  Apreció el privilegio de orar, y la obra mostró los resultados de su comunión con Dios.  Examinando la historia de su vida, descubrimos que ante cada circunstancia importante buscaba un retiro en el bosque, o la soledad de las montañas, con el propósito de elevar a Dios sus plegarias fervientes y perseverantes.  Con frecuencia dedicó noches enteras a la oración antes de realizar algún milagro poderoso.  Después de un día de labor y antes de una noche de comunión, compasivamente despedía a sus discípulos paro que pudieran volver a sus hogares a descansar, mientras él, con clamor y lágrimas, intercedería ante Dios en favor de la humanidad.
En respuesta a la oración, y en virtud de la gracia de Dios, Jesús fue vigorizado para llevar las cargas y fortalecido para resistir las pruebas.  Si queremos ser vencedores, debemos depender de Dios para experimentar una vida cristiana victoriosa, siguiendo el ejemplo que Cristo legó al abrir un camino que nos conduce a la fuente de fortaleza que nunca falla, y de la cual podemos obtener gracia y poder para resistir al enemigo.  En las márgenes del Jordán, Jesús oró como representante de la humanidad, y la apertura de los cielos y la voz de aprobación nos aseguran que Dios acepta a la humanidad a través de los méritos de Cristo.- Signs of the Times, 24 de julio de 1893. 17

07. INVISIBLE COMO EL VIENTO.
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; 
así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (Juan 3: 8).
Se oye el viento entre las ramas de los árboles, por el susurro que produce en las hojas y las flores; sin embargo es invisible y nadie sabe de dónde viene ni adónde va. Así sucede con la obra del Espíritu Santo en el corazón.  Es tan inexplicable como los movimientos del viento.  Puede ser que una persona no pueda decir exactamente la ocasión ni el lugar en que se convirtió, ni distinguir todas las circunstancias de su conversión; pero esto no significa que no se haya convertido.
Mediante un agente tan invisible como el viento, Cristo obra constantemente en el corazón.  Poco a poco, tal vez inconscientemente para quien las recibe, son hechas las impresiones que tienden a atraer el alma a Cristo.  Pueden ser recibidas al meditar en él, al leer las Escrituras, o al oír la palabra del predicador viviente.  Súbitamente, al presentar el Espíritu un llamamiento más directo, el alma se entrega gozosamente a Jesús.  Muchos llaman a esto conversión repentina; pero es el resultado de una larga intercesión del Espíritu de Dios; es una obra paciente y larga.
Aunque el viento mismo es invisible, produce efectos que se ven y sienten.  Así también la obra del Espíritu en el alma se revelará en toda acción de quien haya sentido su poder salvador.  Cuando el Espíritu de Dios toma posesión del corazón, transforma la vida.  Los pensamientos pecaminosos son puestos a un lado, las malas acciones son abandonadas; el amor, la humildad y la paz, reemplazan a la ira, la envidia y las contenciones.  La alegría sustituye a la tristeza, y el rostro refleja la luz del cielo.  Nadie ve la mano que alza la carga, ni contempla la luz que desciende de los atrios celestiales.  La bendición viene cuando por la fe el alma se entrega a Dios.  Entonces, ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios.
Para las mentes finitas es imposible comprender la obra de la redención.  Su ministerio supera al conocimiento humano; sin embargo, el que pasa de muerte a vida comprende que es una realidad divina.  Por experiencia personal podemos conocer aquí el comienzo de la redención.  Sus resultados alcanzan hasta las edades eternas. 
El Deseado de todas las gentes, pp. 143, 144. 18

08. ACEITE EN SUS VASIJAS.
Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; más las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.  (Mateo 25: 3, 4).
Muchos aceptan rápidamente la verdad, pero, al no ser asimilada, sus efectos son neutralizados.  Se parecen a las vírgenes necias que quedaron sin la provisión de aceite para sus lámparas.  El aceite es símbolo del Espíritu Santo,
que llega hasta el corazón gracias a la fe en Cristo.  Quienes escudriñan las Escrituras con diligencia y mucha oración, y confían en Dios con una fe firme y obedecen sus mandamientos, están representados por las vírgenes sabias.  Las enseñanzas de la Palabra de Dios no son sí o no; sino sí y amén.
Las exigencias del evangelio están más allá del alcance humano.  El apóstol dice: "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él" (Col. 3: 17).  "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios"  (1 Cor. 10: 31).  Es imposible que experimentemos la piedad práctica si dejamos fuera de las cortes del corazón las grandes verdades de la Biblia.  La religión de las Escrituras debe entretejerse tanto con los asuntos que el creyentes considera triviales como con los que le parece que son muy importantes.  Debe dotarlo de los motivos poderosos y grandes principios que orientan el carácter y el curso de acción del cristiano.
El aceite, tan necesario para los que están representados por las vírgenes necias, no es algo que deba ser dejado de lado.  El creyente debe traerlo al santuario de su ser para que lo limpie, lo refine y lo santifique.  No es teoría lo que se necesita; son las sagradas enseñanzas de la Biblia, las que no constituyen doctrinas inciertas y sin sentido sino verdades vitales que comprometen intereses eternos centrados en Jesús.  En él reside todo el sistema de verdades divinas.  La salvación del creyentes, mediante la fe en Cristo, es el pilar fundamental de la verdad.
Los que ejercitan fe en Jesús lo manifestarán mediante la santidad de su carácter y la obediencia a la ley de Dios.  Saben que la verdad que está en Cristo pone al cielo y la eternidad a su alcance.  Entienden también que el carácter cristiano debe imitar el de Jesús.  En consecuencia, estará lleno de gracia y de verdad.  A ellos les es impartido el aceite de la gracia que alimenta la luz que nunca se apaga.  El Espíritu Santo, en el corazón del creyente, lo hace completo en Cristo.- Review and Herald, 17 de septiembre de 1895. 19

09. EL ACEITE FLUYE CONSTANTEMENTE.
Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?... Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra. 
(Zacarías 4: 12, 14).
Mediante esta figura, Zacarías ilustra la continua comunicación del Espíritu Santo con la iglesia; la lección maravillosa nos infunde mucho ánimo.  El profeta dice: "Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño.  Y me dijo: ¿Qué ves?  Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él. 
"Proseguí y hablé, diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto, señor mío?... Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos... Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?... Y el dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra" (Zac. 4: 1-4, 6, 12, 14).
Desde los dos olivos, el dorado aceite fluía a través de los tubos de oro hacia el depósito del candelabro, y desde allí a las áureas lámparas que alumbraban al santuario.  De este modo, del Santo que permanece en la presencia de Dios, el Espíritu divino es impartido a los instrumentos humanos que se han consagrado a su servicio.  La misión de los dos ungidos es comunicar luz y poder al pueblo de Dios.  Permanecen en su presencia para que recibamos sus bendiciones.  Semejante a los dos olivos que van vaciándose a sí mismos mediante los conductos de oro, los mensajeros celestiales buscan la oportunidad para compartir lo que han recibido de Dios.  Todos los tesoros celestiales aguardan que los solicitemos, y, en la medida en que recibamos sus bendiciones, nos corresponde impartirlas a otros.  De este modo son abastecidas las lámparas celestiales, y la iglesia llega a ser luz para el mundo. 
Review and Herald, 2 de marzo de 1897. 20

10. CORAZÓN CON LEVADURA.
Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios?  Es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.  (Lucas 13: 20, 21).
La parábola ilustra el poder de penetración y asimilación que tiene el evangelio, cuando obra en el corazón de los feligreses, para darle a la iglesia un carácter a la semejanza divina.  Como la levadura actúa en la harina, así el Espíritu de Dios obra en la vida del creyente que absorbe todas sus capacitaciones y poder, conformando su espíritu, mente y cuerpo a la semejanza de Cristo. En la parábola, la mujer mezcló la levadura con la harina. 
Era necesario suplir una necesidad.  De este modo, Dios desea enseñarnos que, fuera de él, no existe ningún otro medio de salvación.  Mediante el ejercicio de la voluntad nadie puede transformarse por sí mismo.  La verdad tiene que ser recibida en el corazón.  Así opera la levadura celestial.  Gracias a su poder vitalizante y transformador cambia el corazón.  Despierta nuevos pensamientos, nuevos sentimientos, nuevos deseos y propósitos.  Se produce un cambio de la mente, y se ponen en acción todas sus capacidades.  No es que al hombre se le impartan nuevas facultades, sino que éstas son santificadas.  La conciencia que había estado muerta, ahora despierta.  Pero el hombre solo no puede hacer esta obra por sí mismo.  La realiza únicamente el Espíritu Santo.  Todos los que desean ser salvos, encumbrados o inferiores, ricos o pobres, deben someterse a la acción de ese poder.
A Nicodemo, Cristo le presentó la verdad de este modo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios... Lo que es nacido de la carne, carne es; lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.  No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.  El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu" (Juan 3: 3, 6-8).
Cuando nuestras mentes estén controladas por el Espíritu de Dios, podremos entender las lecciones que nos enseña la parábola de la levadura. Los que abren su corazón para recibir la verdad, podrán experimentar el gran poder transformador que tiene la Palabra de Dios.- Review and Herald, 25 de julio de 1899. 21

11. AGUA VIVA PARA COMPARTIR.
Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; 
sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. (Juan 4: 14).
Siendo que el plan de redención comienza y termina con un don, así también debemos compartirlo.  El mismo espíritu de sacrificio que compró la salvación para nosotros, habitará en el corazón de los que llegan a ser partícipes del don celestial.  El apóstol Pedro recomienda: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Ped. 4: 10).  Al enviarlos, Jesús dijo a sus discípulos: "De gracia recibisteis, dad de gracia" (Mat. 10: 8).  El que está en completa afinidad con Cristo, no puede albergar exclusivismo ni egoísmo.  Quien bebe del agua de la vida hallará   "en él una fuente de agua que salte para vida eterna" (Juan 4: 14).  El creyente que tiene el Espíritu de Cristo es como un manantial refrescante que pone esta agua al alcance de los que están a punto de perecer en el desierto.
El mismo espíritu de amor y sacrificio personal que hubo en Cristo fue el que impulsó a Pablo en su amplio ministerio.  Dijo: "A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor"  (Rom. 1: 14).  "A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada la gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo"  (Efe. 3: 8).
El Señor dispuso que su iglesia refleje al mundo la plenitud y la eficacia que hallamos en él.  Constantemente estamos recibiendo los dones de la liberalidad divina, y, al impartirlos, representamos al mundo el amor y la beneficencia de Cristo.  Mientras todo el cielo está en actividad, enviando mensajeros a todas partes de la tierra con el propósito de promover la obra de la redención, la iglesia del Dios viviente debería actuar como colaboradora de Jesús. Somos parte de su cuerpo místico, y él es la cabeza que controla todos sus miembros.  En su infinita misericordia, Jesús mismo está obrando en el corazón humano, en el que realiza transformaciones tan sorprendentes que los ángeles lo observan con asombro y alegría.
 Review and Herald, 24 de diciembre de 1908. 22

12. SAVIA VIVIFICANTE.
Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?  Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.  (Hechos 19: 1, 2).
Hay muchos que hoy ignoran, tanto como aquellos creyentes de Efeso, la obra del Espíritu Santo en el corazón.  Sin embargo, ninguna verdad se enseña más claramente en la Palabra de Dios.  Los profetas y apóstoles se han explayado sobre este tema.  Cristo mismo nos llama la atención al desarrollo del mundo vegetal como una ilustración de cómo obra su Espíritu para sostener la vida espiritual.  La savia de la vid, al ascender desde la raíz, se difunde por las ramas, y contribuye al crecimiento y a la producción de flores y frutos.  Del mismo modo, el poder vivificador del Espíritu Santo, que procede del Salvador, llena el alma, renueva los motivos y afectos, somete hasta los pensamientos para que obedezcan la voluntad de Dios, y capacita al que lo recibe para producir los preciosos frutos de las acciones santas.
El autor de esta vida espiritual es invisible, y el método exacto mediante el cual esa vida se imparte y sostiene, excede las posibilidades de explicación por parte de la filosofía humana.  Sin embargo, la actividad del Espíritu está siempre en armonía con la Palabra escrita.  Lo que sucede en el mundo natural ocurre también en el espiritual.  Un poder divino preserva continuamente la vida natural; sin embargo, eso no ocurre por un milagro directo, sino gracias al empleo de las bendiciones puestas a nuestro alcance.  Del mismo modo, la vida espiritual se sostiene debido al uso de los medios que la Providencia ha provisto.  Para que el seguidor de Jesús crezca hasta convertirse en  "un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efe. 4: 13), debe comer del pan de vida y beber del agua de la salvación.  Debe velar, orar y trabajar, y prestar atención en todas las cosas, sujetándose a las instrucciones de Dios consignadas en su Palabra. 
Los hechos de los apóstoles, pp. 233, 234. 23

13. EL "VINO NUEVO"' DEL REINO.
Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.  (Marcos 2: 22).
Mientras nos vaciamos del egoísmo y del pecado, constantemente deberíamos estar llenando nuestra mente de Cristo.  Cuando Jesús vino al mundo, los dirigentes judíos estaban tan permeados del espíritu farisaico que no pudieron recibir sus enseñanzas.  Cristo los comparó con cueros rugosos de odres viejos que no están en condiciones de recibir el vino fresco de la vendimia.  Necesitaban aprovisionarse de recipientes apropiados para poner el vino nuevo de su reino.  
Por esta causa tuvo que dejar a los fariseos y valerse de simples pescadores de Galilea.
Jesús, el mayor de los maestros que el mundo haya conocido, escogió personas a quienes pudiera educar, capaces de captar sus enseñanzas, para ser enviados con el mensaje de sus labios, el cual debía llegar hasta nuestros días.  De este modo, por su Espíritu y su Palabra, también quiere formarlo a usted para que realice la obra divina.  Al limpiar su mente de la vanidad y de la frivolidad, ciertamente el vacío que ello deja será ocupado con lo que Dios está esperando concederle: su Espíritu.  Así, del buen tesoro del corazón podrá sacar buenas cosas, preciosas gemas del pensamiento; y otros, al captar dichas palabras, comenzarán a glorificar a Dios.  Entonces, usted no tendrá la mente centrada en sí mismo.  Al acabar con las demostraciones de egoísmo, sus pensamientos y afectos estarán centrados en Cristo, lo cual le permitirá reflejar a otros lo que le fue mostrado por el Sol de justicia.
Jesús dijo:  "Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba" (Juan 7: 37). ¿Usted ya secó la fuente?  No, por cuanto es inagotable.  Tan pronto como comience a sentir sed, beba una y otra vez.  La fuente siempre está colmada. Para apagar la sed, el que bebe una vez de ella no volverá a buscar agua en las cisternas rotas de este mundo; dejará de husmear con el fin de descubrir el mayor placer, la más grande diversión y la más divertida chacota y travesura.  No las buscará porque ha estado bebiendo de las corrientes que hacen placentera la ciudad de Dios.  Entonces su gozo será completo, porque Cristo, la esperanza de gloria, estará en usted.- Review and Herald, 15 de marzo de 1892. 24

14. FUEGO ARDIENTE.
Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.  (Jeremías 20: 9).
Dios impulsará a personas que ocupan posiciones modestas para que den a conocer el mensaje de la verdad presente.  Constreñidos por el Espíritu de Dios, acelerando el paso, muchos avanzarán cada vez más lejos y más alto, para compartir la luz con los que están en tinieblas.  La verdad es como fuego en sus huesos, que los inflama con un deseo ardiente de iluminar a los que están en la obscuridad.  Incluso entre los educados habrá muchos que proclamarán la Palabra de Dios.  Habrá niños que serán impelidos por el Espíritu Santo a presentar el mensaje de lo alto.  El Espíritu será derramado sobre los que ceden a sus impulsos.  Desligados de las reglas que atan a los hombres, y de los movimientos cautelosos, se unirán al ejército del Señor.
En el futuro, el Espíritu del Señor inspirará a personas que realizan actividades comunes a dejar sus tareas habituales para ir a proclamar el último mensaje de gracia.  Tan rápido como sea posible, serán preparados para una labor que será coronada con el éxito.  Cooperarán con las agencias celestiales, por cuanto están dispuestos a gastar y ser consumidos en el servicio al Maestro.  Nadie está autorizado a estorbar a estos obreros.  Serán bienvenidos cuando vayan a cumplir el gran cometido.  No deberán ser vituperados cuando siembren la semilla del evangelio en los lugares escabrosos de la tierra.
Las mejores cosas de la vida -la simplicidad, la honestidad, la veracidad, la pureza, la inusual integridad- no pueden ser compradas ni vendidas; gratuitamente están al alcance de los ignorantes como de los educados, para la gente de color como para los blancos, para el modesto campesino como para el rey sentado sobre su trono, para los humildes que no confían en su propia fortaleza sino que trabajan con simplicidad confiando siempre en Dios.  Ellos son los que compartirán el gozo del Salvador.  Sus oraciones perseverantes atraerán creyentes a la cruz.  Al cooperar con su esfuerzo y renunciamiento propio, Jesús impulsará los corazones y producirá milagrosas conversiones.  Hombres y mujeres se unirán a la confraternidad de la iglesia.  Se construirán lugares de reunión y se fundarán escuelas.  El corazón de los obreros se henchirá de gozo al ver la salvación de Dios. Testimonies, t. 7, pp. 26, 27. 25

15. LENGUAS DE FUEGO.
Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.  (Hechos 2: 3, 4).
Si investiga las Escrituras con espíritu dócil y deseoso de aprender, sus esfuerzos serán bien recompensados. "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir. espiritualmente"  (1 Cor. 2: 14).  La Biblia debe estudiarse con oración.  Haríamos bien en imitar a David, que imploró: "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley"  (Sal. 119: 18).  Ningún hombre puede comprender las Escrituras sin la iluminación del Espíritu Santo.  Si deseamos estar en la debida posición delante de Dios, su luz nos alumbrará con rayos claros y potentes.
Esta fue la experiencia de los primeros discípulos:  "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.  Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen"  (Hech. 2: 1-4).  Dios también está dispuesto a darnos la misma bendición, siempre que tengamos real interés en ella.
El Señor no cerró los depósitos celestiales después de haber derramado su Espíritu sobre los primeros discípulos.  También nosotros podemos recibir la plenitud de su bendición.  El cielo está lleno de los tesoros de su gracia, y los que con fe se acercan a Dios pueden reclamar todo lo que él ha prometido.  Si no contamos con su poder es por la indiferencia, el letargo espiritual y nuestra indolencia.  Abandonemos la mortal formalidad.
Hay una gran tarea que debe realizarse en nuestros días, y no hemos hecho ni siquiera la mitad de la obra que el Maestro espera que hagamos.  Hablamos acerca del mensaje del primero y del segundo ángel, y ya creemos comprender algo referente al mensaje del tercero.  Sin embargo, no deberíamos sentirnos satisfechos con el conocimiento que tenemos actualmente.  Nuestras peticiones deberían ascender a Dios mezcladas con fe y contrición, para que podamos comprender los misterios que el Señor desea dar a conocer a sus santos. 
Review and Herald, 4 de junio de 1889. 26

16. DADOR DE UNA VIDA NUEVA.
 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, 
que el que no naciere de agua y del Espíritu, 
no puede entrar en el reino de Dios. (Juan 3: 5).
Necesitamos "nacer de nuevo" para poder servir al Señor aceptablemente.  Debe ser abandonada nuestra inclinación natural, que está en abierta oposición al Espíritu de Dios.  Necesitamos llegar a ser hombres y mujeres hechos nuevos en Cristo Jesús.  Nuestra vida antigua, que no ha sido renovada, tiene que dar lugar a una nueva: vida llena de amor, de  confianza, y de una obediencia espontánea. ¿Piensa acaso que semejante  cambio no es necesario para entrar al reino de Dios?  Escuche lo que dice la Majestad de los cielos: "Os es necesario nacer de nuevo" (Juan 3: 7). "si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos"  (Mat. 18: 3).  A menos que se produzca un cambio, no podremos servir a Dios como corresponde.  Nuestra obra será defectuosa; los planes incorporarán ideas mundanas, y el fuego ofrecido deshonrará a Dios.  La vida se tomará impía e infeliz, inquieta y llena de dificultades.
Los cambios que produce la nueva vida se realizan únicamente por la acción eficaz del Espíritu Santo.  Solamente él puede limpiarnos de la impureza.  Si aceptamos que modele y forme el corazón, llegaremos a ser aptos para discernir el carácter del reino de Dios y para realizar los cambios que necesitan producirse, a fin de que tengamos acceso a sus dominios.  El orgullo y el amor propio resisten al Espíritu de Dios.  Cada inclinación natural se opone a que la autosuficiencia y el orgullo sean sustituidos por la humildad y la mansedumbre de Cristo.  Pero, si deseamos andar en el camino que conduce a la vida eterna, no debemos prestar oídos a los susurros del egoísmo.  Con humildad y contrición tenemos que implorar a nuestro Padre Celestial: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mi" (Sal. 51: 10).  En la medida en que recibamos la luz divina y estemos dispuestos a cooperar con las inteligencias celestiales, gracias al poder de Cristo naceremos otra vez, liberados de la contaminación del pecado.
Cristo vino al mundo porque el hombre perdió la imagen y la naturaleza de Dios.  Lo vio extraviado de la senda de la paz, la pureza; si intentaba volver por sí mismo, nunca encontraría el camino de regreso.  Vino con un plan de salvación adecuado y completo que incluye el cambio del corazón de piedra por uno de carne.  Vino también para transformar la naturaleza pecaminosa a su semejanza, a fin de que pudiéramos ser participantes de la naturaleza divina y adaptados para las cortes celestiales.-The Youth's Instructor, 9 de setiembre de 1897. 27

17. LLUVIAS DE GRACIA.
Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía.  Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, 
y hierba verde en el campo a cada uno. (Zacarías 10: 1).
En el Oriente, la lluvia temprana cae al tiempo de la siembra.  Es necesaria para que la semilla pueda germinar.  Por efecto de la fertilizante lluvia, los tiernos brotes se desarrollan.  La última precipitación, que ocurre al fin de la temporada, madura el grano y lo prepara para la cosecha.  El Señor utilizó este proceso natural con el fin de representar la obra del Espíritu Santo.  Como el rocío y la lluvia primero producen la germinación de la semilla y después la maduración del grano para la cosecha, del mismo modo el Espíritu Santo tiene la misión de producir, de una etapa a otra, el crecimiento espiritual.  La maduración del grano representa la culminación de la obra de la gracia de Dios en el creyente.  En virtud de la acción del Espíritu Santo la imagen moral de Dios se perfecciona en el carácter.  Hemos de ser totalmente transformados a la semejanza de Cristo.
Muchos han errado en gran manera al no recibir la lluvia temprana.  No han obtenido todos los beneficios que Dios ha provisto para ellos.  Esperan que su falta será suplida por la lluvia tardía.  Tienen la intención de abrir el corazón para recibirla cuando sea concedida la generosa abundancia de la gracia.  Pero incurren en un terrible error La obra de Dios, que comienza en el corazón al momento de conceder su luz y conocimiento, debe crecer continuamente.  Cada persona necesita descubrir su propia carencia.  Para que pueda habitar el Espíritu en el corazón, éste debe ser vaciado y purificado de toda contaminación.
Sólo mediante la confesión y el abandono del pecado, la oración ferviente y la consagración a Dios, los discípulos pudieron estar preparados para el derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés.  Una obra semejante, pero en un grado superlativo, debe hacerse ahora.  Luego, lo único que necesita realizar el agente humano es solicitar la bendición, y esperar que el Señor lo perfeccione.  Es Dios quien comienza y termina la obra que hace al creyente completo en Cristo Jesús.  Sin embargo, no debemos ser descuidados con la gracia representada por la lluvia temprana. Únicamente los que viven en armonía con la iluminación obtenida, recibirán más luz.  A menos que avancemos diariamente en la ejemplificación de las activas virtudes cristianas, no estaremos en condiciones de reconocer la manifestación del Espíritu Santo en la lluvia tardía.  Alrededor, otros corazones la podrán estar recibiendo, pero nosotros no lo advertiremos ni la recibiremos.- Review and Herald, 2 de marzo de 1897. 28

18. EL ESPÍRITU ES NUESTRO AYUDADOR.
El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene no lo sabemos, pero él Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles. ( Romanos 8: 26).
El Espíritu Santo formula toda oración sincera.  Descubrí que en todas mis intercesiones, interviene por mí y por cada uno de los santos.  Su mediación siempre estará fundamentada en la voluntad de Dios, y nunca tendrá el propósito de avalar lo que está en contra de sus designios.  "El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad"  (Rom. 8: 26).  Siendo Dios, el Espíritu conoce la mente del Altísimo.  Por lo tanto, en cada oración, ya sea en favor de los enfermos u otras necesidades, la voluntad de Dios ha de ser respetada.  "¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?  Así también nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor. 2:11).
Si deseamos ser enseñados por Dios, deberemos orar conforme a su voluntad revelada, y estar dispuestos a sometemos a sus designios, porque los desconocemos.  Cada súplica debe estar de acuerdo con los deseos de Dios, confiando en su preciosa Palabra, y creyendo que Cristo se dio a sí mismo por sus discípulos.  El registro dice: "Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo" (Juan 20: 22).
Jesús está esperando soplar sobre todos sus discípulos con el propósito de darles la inspiración santificada de su Espíritu y transmitir a sus pueblo su propia influencia vitalizadora.  También desea que entendamos la imposibilidad de servir a dos señores.  Nuestros intereses no pueden estar divididos.  Cristo quiere vivir y actuar por intermedio de las facultades y habilidades de sus agentes humanos.  La voluntad debe cooperar con la suya y actuar con su Espíritu, puesto que ya no son ellos los que viven, sino Cristo en los suyos.  Jesús desea grabar en sus hijos la idea de que, al darles el Espíritu Santo, les concede la misma gloria que el Padre le había dado, para que él y su pueblo sean uno en Dios.  Nuestros deseos y nuestra voluntad deben estar sujetos a la suya, puesto que él es justo, santo y bueno.
 Signs of the Times, 3 de octubre de 1892. 29

19. EL ESPÍRITU INTERCEDE POR NOSOTROS.
Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, 
porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8: 27).
Para aproximamos a Dios tenemos un sólo canal.  Nuestras oraciones pueden acceder a él por intermedio del único nombre: el de Jesús, nuestro abogado.  El Espíritu debe inspirar nuestras peticiones.  En el santuario, ningún fuego extraño era utilizado en los incensarios que se agitaban delante de Dios.  Siendo así, únicamente el Señor puede encender un deseo ardiente en el corazón, si es que deseamos que nuestras oraciones resulten aceptables.  El Espíritu Santo es el que debe hacer la intercesión en nuestro favor, y la realiza con gemidos que nadie puede reproducir.
Un profundo sentido de la necesidad, y un gran deseo de recibir lo que pedimos, debe caracterizar a nuestras oraciones; de lo contrario, no serán escuchadas.  Sin embargo, no deberíamos cansarnos de expresar nuestras plegarias porque no recibimos una respuesta inmediata.   "El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan"  (Mat. 11: 12). Esta violencia quiere decir ahínco santo, semejante al que manifestó Jacob.  No es necesario que intentemos producir en nosotros una emoción intensa.  En nuestras peticiones debemos insistir ante el trono de la gracia en forma tranquila y persistente.  Tenemos que humillarnos delante de Dios, confesar nuestros pecados y con fe acercarnos a él. El Señor respondió las peticiones de Daniel, no para que él se ensalzara, sino para que la bendición pudiera reflejar la gloria de Dios.  El designio del Señor es darse a conocer mediante su providencia y su gracia.  Las oraciones son para glorificar a Dios y no para nuestra exaltación personal.
Cuando consideremos que somos débiles, ignorantes y desvalidos como realmente somos, nos acercaremos a él como humildes suplicantes.  El desconocimiento de Dios y de Cristo crea el orgullo y la justificación propia.  El infalible indicador de que el hombre no conoce al Señor es su sentimiento de que es grande o bueno.  El corazón orgulloso siempre estará asociado con la indigencia.  Cuando a Daniel se le dio a conocer  la gloria divina, exclamó: "No quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento" (Dan. 10: 8).
Cuando el ser humilde que busca a Dios ve como él es, al instante se verá a sí mismo como Daniel.  En lugar de la vanidad humana, desarrollará un profundo sentido de la santidad de Dios y de la justicia de sus exigencias.  El fruto de esta experiencia se manifestará en una vida de renunciamiento propio y de sacrificio personal. 
Review and Herald, 9 de febrero de 1897. 30

20. EL ESPÍRITU NOS HACE HIJOS DE DIOS.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Romanos 8: 14).
Cristo ocupó su lugar entre los hombres como oráculo de Dios.  Habló como quien tiene autoridad, dirigiéndose a la gente con expresiones vigorosas, y exigiendo fe implícita y obediencia.  Como pueblo, hemos fundamentado nuestra fe sobre principios establecidos en la Biblia.  También empeñamos mente y corazón para obedecer la Palabra de vida, y para seguir un "Así dice el Señor".
Toda nuestra esperanza presente y futura depende de nuestro parentesco con Cristo y con Dios.  Pablo se expresa con vigor para confirmar nuestra fe al respecto.  A quienes son guiados por el Espíritu de Dios y en cuyos corazones habita la gracia de Cristo, el apóstol les dice:  "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.  Y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados"  (Rom. 8: 16, 17).   "Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!" (Rom. 8: 15).
Somos llamados por Cristo para salir del mundo con el propósito de ser diferentes.  Fuimos convocados para practicar la santidad, teniendo nuestro corazón continuamente cerca de Dios y al Espíritu Santo permaneciendo en nosotros.  Todo verdadero creyente manifestará con sus hechos que la gracia del amor de Cristo está en su corazón.  Donde una vez hubo desconocimiento de Dios, será evidente la coparticipación con él.  Donde hubo manifestaciones de la naturaleza carnal, ahora se verán los atributos divinos.
Sus hijos deben llegar a ser obreros de la justicia y buscar al Señor en forma continua para que les agrade hacer su voluntad.  Esto los hará completo en Cristo.  Con sus vidas manifestarán a los ángeles, a los hombres y a los mundos no caídos que han sido conformados a la voluntad de Dios, y que son leales adherentes de los principios de su reino.  Habitando el Espíritu Santo por la fe en sus corazones, entrarán en relación con Cristo y los unos con los otros.  Así se producirán en ellos los preciosos frutos de la santidad. 
Review and Herald, 19 de agosto de 1909. 31

21. EL ESPÍRITU SE MUEVE EN NUESTRO MEDIO.
En esto conocemos que pertenecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. (1 Juan 4: 13).
Aunque no podamos ver al Espíritu de Dios, sabemos que bajo su acción el hombre, que estaba muerto en transgresiones y pecados, es convencido y convertido.  El descuidado y díscolo llega a ser serio.  El endurecido se arrepiente de sus pecados, y el que no tiene fe se hace creyente.  El jugador, el borrachín y el licencioso se vuelve firme, sobrio y puro.  El rebelde y obstinados llega a ser dócil y semejante a Cristo.  Cuando observamos estos cambios, podemos estar seguros de que el poder transformador de Dios ha convertido a esa persona.  No vemos al Espíritu, pero sí es posible captar las evidencias de su obra que cambia el carácter del más endurecido y obstinado de los pecadores.  
Así como el viento mueve con su fuerza al más elevado de los árboles y los derriba, del mismo modo el Espíritu Santo puede actuar en el corazón humano, sin que ningún hombre finito pueda circunscribir la obra de Dios.
Su Espíritu se manifiesta en cada persona de maneras diferentes.  Aunque algunos tiemblen ante el poder de Dios y el de su Palabra, sus convicciones llegan a ser tan profundas que, aun cuando estalle en su corazón un huracán o una agitación de sentimientos, su ser entero se postra inconmovible ante el poder convincente de la verdad.  Cuando el Señor perdona al pecador arrepentido, éste se llena del. amor de Dios, de fervor y de energía.  Al ser recibido, el Espíritu que da vida no puede ser reprimido. Cristo en él es una fuente de agua que brota para vida eterna.  Sus sentimientos de amor son tan hondos y ardientes como lo fue su angustia y agonía.  Se asemeja a una fuente profunda que se rompe y se derrama en acción de gracia y alabanza, en agradecimiento  y  felicidad; hasta las arpas celestiales sintonizan con sus notas de regocijo. La historia que tiene para relatar no la cuenta de un modo conciso, común y metódico.  Es un creyente rescatado por los méritos de Cristo Jesús, y su ser entero se conmueve con la realización de la salvación de Dios.
Review and Herald, 5 de mayo de 1896. 32

22. EL ESPÍRITU NOS VISITA.
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.  (Efesios 1: 13).
Mediante la profunda acción del Espíritu de Dios me fue mostrado el ministerio de visitación del Espíritu Santo.  Me alertó acerca de los peligros a que se verán expuestos los creyentes.  Habrán de encarar los más fieros asaltos del enemigo, quien los presionará con tentaciones destinadas a neutralizar la obra del Espíritu de Dios.  Su propósito es impedir que las importantes verdades presentadas por el Espíritu Santo purifiquen y santifiquen a los que recibieron la luz celestial  y para que Cristo no pueda ser glorificado en ellos.  
La oportunidad de contar con una mayor luz celestial, pero ésta no es apreciada como sagrada y ni se le permite actuar, producirá oscuridad espiritual.  Además, si el creyente no valora las impresiones hechas por el Espíritu de Dios, desaparecerá de la mente el terreno santo que ocupaba.
Los que estén dispuestos a realizar avances en su conocimiento espiritual, deben permanecer junto a la fuente de Dios para beber una y otra vez del pozo de la salvación que les ha sido abierto gratuitamente.  Nunca deben abandonar este manantial que refresca, para que su corazón, pletórico de gratitud y amor, sea un exponente de la bondad y de la compasión de Dios.  Continuamente deben beber del líquido vital...
 "Más os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis"  (Juan 6: 36).  En el caso de muchos, esto se ha cumplido literalmente.  A pesar de que el Señor les ha dado a conocer la verdad, les ha mostrado su carácter misericordioso y los ha iluminado, se vuelven incrédulos y no les importa todas esas manifestaciones de compasión y amor.  Percibieron la profunda obra del Espíritu de Dios; sin embargo, cuando fueron objetos de las tentaciones insidiosas de Satanás, que generalmente ataca después de un período de reavivamiento, no resistieron la prueba hasta la muerte  por no compartir la luz que los recibieron, pudiendo haber estado en terreno ventajoso, fueron aplastados por el enemigo.  Deberían haber obrado y procedido en armonía con las sagradas revelaciones del Espíritu Santo, pero, al no hacerlo, sufrieron gran pérdida. Review and Herald, 30 de enero de 1894.  33

23. EL ESPÍRITU NOS HABLA.
Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, 
el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. (Juan 15: 26).
El Señor ha condescendido en darle a usted la efusión de su Santo Espíritu.  En las reuniones campestres, y en varias de nuestras instituciones, se le ha dado una gran bendición.  Ha recibido la visita de mensajeros celestiales, portadores de luz, verdad y poder.  No fue por medios extraños como Dios lo bendijo. ¿Cómo Cristo puede subyugar a su pueblo escogido? Por el poder de su Santo Espíritu.  A través de las Escrituras es que Dios habla a la mente e imprime la verdad en los corazones de los hombres.
Antes de la crucifixión, Cristo prometió a sus discípulos que les enviaría al Consolador.  Dijo:  "Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré.  Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (Juan 16: 7, 8).   "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber"  
(vers. 13, 14).
Al haberse minimizado la promesa de Cristo, y a causa de la escasez del Espíritu Santo, la espiritualidad de la ley y sus eternas obligaciones no han sido comprendidas.  Los que profesan amar a Cristo no han captado la relación que existe entre ellos y Dios, y su comprensión aún permanece en la oscuridad.  Vagamente entienden la admirable gracia de Dios, quien dio a su Hijo unigénito para salvar al mundo.  Tampoco captan lo distante que están de las exigencias de la santa ley, y cuan íntimamente deben ser asimilados sus preceptos para que se manifiesten en la vida práctica.  No han visto cuán grande es la necesidad y el privilegio de orar, de arrepentirse y de aceptar las palabra de Cristo.
Es responsabilidad del Espíritu Santo dar a conocer el modelo de consagración que Dios acepta.  Mediante el Espíritu Santo, la persona es iluminada, y el carácter es renovado, elevado y santificado. 
Review and Herald, 30 de enero de  1894. 34

24. EL ESPÍRITU NOS ILUMINA.
Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. (Juan 12: 35)
Jesús dijo: "Andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas".  Junta cada rayo; no dejes pasar uno.  Anda en la luz.  Practica cada precepto de la verdad que te fue presentada.  Vive cada palabra que sale de la boca de Dios y  como resultado, seguirás a Cristo en todos sus caminos.  Cuando el Señor presenta una evidencia tras otra, y agrega más luz a la ya concedida, ¿por qué el creyente necesita vacilar? ¿Por qué es tan negligente para avanzar guiado por la luz hacia una luminosidad mayor?                             
El Señor no rehúsa dar el Espíritu a quien se lo pide.  Cuando la convicción toca las cuerdas sensibles de la conciencia, ¿por qué no prestarle oídos para escuchar la voz del Espíritu de Dios?  Cada vacilación y postergación nos sitúa en una posición en la que nos resulta cada vez más difícil aceptar la luz celestial y, por último, parece imposible que las admoniciones y advertencias nos impresionen.  Los pecadores expresan cada vez con mayor facilidad: "Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré"  (Hech. 24: 25).
Conozco los peligros en que se encuentran los que rehusan andar en la luz que Dios les ha dado.  Ellos mismos provocan la terrible crisis por seguir sus propios caminos y proceder según su criterio personal.  La conciencia resulta cada vez menos sensible y la voz de Dios parece cada vez más lejana; así es como el obrador de maldad queda liberado a su propia infatuación.  Con obstinación resiste cada llamado, desprecia cada consejo y advertencia.  Como el mensajero de Dios ya no impresiona su mente, rechaza cada provisión que garantiza su propia salvación.  El Espíritu de Dios deja de ejercer su poder para refrenar.  Como consecuencia, se escucha la sentencia:  "Efraín es dado a ídolos; déjalo"  (Ose. 4: 17). ¡Oh, cuán obscura, sombría y obstinada es la independencia!  Parece que la insensibilidad de la muerte se apoderara del corazón.  Este es el proceso que sigue el que rechaza la obra del Espíritu Santo. 
 Review and Herald, 29 de junio de 1897. 35

25. EL ESPÍRITU PUEDE SER AGRAVIADO.
Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.  (Efesios 4: 30).
Quisiera que todos mis hermanos y hermanas pudieran recordar que es un asunto serio contristar al Espíritu Santo.  Se entristece cuando el agente humano actúa en forma independiente, y cuando rehúsa entrar en el servicio del Señor porque considera que la cruz es muy pesada, o el renunciamiento demasiado grande.  El Espíritu busca habitar en cada creyente, y si es bienvenido como huésped de honor, los que lo reciben llegarán a ser perfectos en Cristo la buena obra comenzada será concluida, y los pensamientos santos, los sentimientos celestiales y las acciones semejantes a las de Cristo ocuparán el lugar de los pensamientos impuros, los sentimientos perversos y los actos de rebeldía.
El Espíritu Santo es el maestro divino.  Si deseamos aprender sus lecciones, llegaremos a ser sabios en la salvación.  Sin embargo, necesitamos guardar bien nuestros corazones, puesto que con frecuencia olvidamos las instrucciones divinas que nos instan a no proceder de acuerdo con las inclinaciones naturales de una mente no consagrada.  Cada uno necesita pelear su propia batalla contra el egoísmo.  Preste atención a las enseñanzas del Espíritu Santo.  Si las escucha, las repetirá una y otra vez hasta que las impresiones se graben en forma indeleble, como si hubieran sido esculpidas en la roca. Siendo que Dios nos compró, reclama un trono en cada corazón. Mente y cuerpo tienen que estar subordinados a él. Los hábitos naturales y apetitos, deben quedar subyugados por los deseos más elevados del ser.  Sin embargo, no podemos depender de nosotros mismos para realizar esta obra. Es imposible estar seguros si pretendemos ser nuestros propios guías. El Espíritu Santo debe renovarnos y santificarnos.  En el servicio de Dios no puede haber obras a medias, los que profesan servirle y son indulgentes con sus impulsos naturales, van a descarriar a otros creyentes.  Cristo dijo:  "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente"  (Mat. 22: 37).  "Haz esto, y vivirás"  (Luc. 10: 28).- Manuscript Releases, t. 18, pp. 47, 48. 36

26. EL ESPÍRITU PUEDE ALEJARSE.
¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteara al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? (Hebreos 10: 29).
Los que resisten al Espíritu de Dios, y provocan su alejamiento, ignoran cuán lejos puede llevarlos Satanás.  Cuando el Espíritu Santo se distancia, imperceptiblemente el creyente comienza a hacer las cosas que, por efecto de la luz, una vez consideró pecaminosas.  A menos que escuche las advertencias se verá envuelto en una decepción tal, como en el caso de Judas, que lo enceguecerá y hará de él un traidor.  Seguirá paso a paso los pisadas de Satanás. ¿Quién podrá contrarrestar sus propósitos? ¿Podrá un ministro suplicar por él y defenderlo?  Todas sus palabras son como fábulas sin sentido.  Al elegir a Satanás como compañero interpreta erróneamente la palabra hablada, y, como resultado, su comprensión es mal orientada por efecto de una luz que no es la verdadera.
Cuando el Espíritu de Dios es agraviado, cada llamamiento que hacen los siervos del Señor no tiene significado para ellos.  Cambian el sentido a cada palabra.  Se ríen y ponen en ridículo las advertencias más solemnes de las Escrituras.  Si no estuvieran hechizados por las agencias satánicas, los haría temblar.  Resulta en vano toda invitación que se les haga.  No desean escuchar reproches ni consejos.  Desprecian toda súplica del Espíritu.  Desobedecen los mandamientos de Dios que una vez vindicaron y exaltaron.  Las palabras del apóstol bien podrían tocar la fibra sensible de esta gente: "¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad" (Gál. 3: 1)? Siguen el consejo de su propio corazón hasta que la verdad ya no tiene ningún sentido para ellos.  Barrabás fue elegido y Cristo rechazado.
Es esencial vivir en armonía con cada palabra de Dios.  De no ser así, la vieja naturaleza se irá reafirmando constantemente.  Es el Espíritu Santo, verdadera gracia redentora, el que unifica a los seguidores de Cristo y los hace uno con Dios.  Es el único que puede desalojar la enemistad, la envidia y la incredulidad.  Santifica los afectos, restaura la disposición de espíritu y rescata del poder de Satanás a los deseos más íntimos.  Esta es la virtud de la gracia.  Es un poder divino.  Gracias a su influencia se produce un cambio en los hábitos, las costumbres y las prácticas que, si son acariciadas, separan al hombre de Dios.  La obra de la santificación se puede apreciar en el creyente por su progreso y continuo crecimiento.- Review and Herald, 12 de octubre de 1897. 37

27. EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU.
Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres;
más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.  (Mateo 12: 31).
Escribo este mensaje a quienes anduvieron en la luz, tuvieron privilegios, recibieron advertencias y súplicas, y no hicieron ningún esfuerzo definido para darse a sí mismos en completa rendición a Dios.  Este aviso es para que ninguno, por temor de haber pecado contra el Espíritu Santo, quede a la deriva y sumergido en un letargo mortal, sin recibir perdón jamás. ¿Por qué permanecer en la escuela de Satanás siguiendo una dirección que imposibilita el arrepentimiento y la reforma? ¿Tiene sentido resistir las propuestas de su gracia? 
¿Por qué dice: "Déjenme solo", hasta que Dios sea forzado a darle lo que usted desea?
Los que resisten al Espíritu de Dios piensan que algún día se van a arrepentir y dar el paso para una reforma; pero el arrepentimiento está más allá de su poder.  Según la luz y los privilegios concedidos, así será la oscuridad en la que se sumirán los que rechacen andar en la luz mientras tienen luz.
Nadie necesita considerar el pecado contra el Espíritu Santo como un asunto misterioso e indefinible.  Es el continuo rechazo de las invitaciones de arrepentimiento.  Si uno se niega a creer en Cristo como su salvador personal, tendrá oscuridad en lugar de luz, y gustará de la atmósfera que rodeó al primer gran apóstata.  Si escoge ese ambiente en vez del medio que rodea al Padre y al Hijo, Dios respeta su decisión.  Al considerar este tema, ninguno necesita desanimarse.  
No deje caer a los que se esfuerzan por hacer la voluntad del Maestro.  Su esperanza es Dios.  El Señor Jesús ha manifestado infinita consideración y aprecio por usted.  Dejó la corte real y su trono para vestir su divinidad con la humanidad, y morir la vergonzosa muerte de cruz a fin de que usted pueda ser salvo.- 
Review and Herald, 29 de junio de 1897. 38

28. LA VOLUNTAD RECHAZA AL ESPÍRITU.
A cualquiera que dijera alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero. (Mateo 12: 32).
Precisamente antes de esto, Jesús había realizado por segunda vez el milagro de sanar a un hombre poseído, ciego y mudo, y los fariseos habían reiterado la acusación:  "Por el príncipe de los demonios echa fuera demonios" (Mat. 12: 24).  Cristo les dijo claramente que al atribuir la obra del Espíritu Santo a Satanás, se estaban separando de la fuente de bendición.  Los que habían hablado contra Jesús, sin discernir su carácter divino, podrían ser perdonados; porque podían ser inducidos por el Espíritu Santo a ver su error y arrepentirse.  Cualquiera que sea el pecado, si el alma se arrepiente y cree, la culpa queda lavada en la sangre de Cristo; pero el que rechaza la obra del Espíritu Santo se coloca donde el arrepentimiento no puede alcanzarle.
Es por el Espíritu Santo como Dios obra en el corazón.  Cuando los hombres rechazan voluntariamente al Espíritu y declaran que es de Satanás, cortan el conducto por el cual puede comunicarse con ellos.  Cuando rechazan finalmente al Espíritu, no hay nada más que Dios pueda hacer por el alma.
No es Dios quien ciega los ojos y endurece los corazones de los hombres.  Les manda luz para corregir sus errores, y conducirlos por sendas seguras; es por el rechazo de esta luz como los ojos se ciegan y el corazón se endurece.  Con frecuencia esto se realiza gradual y casi imperceptiblemente.  Viene luz al alma por la Palabra de Dios, por sus siervos, o por la intervención directa de su Espíritu; pero cuando un rayo de luz es despreciado, se produce un embotamiento parcial de las percepciones espirituales, y se discierne menos claramente la segunda revelación de la luz.  Así aumentan las tinieblas hasta que anochece en el alma.  Así había sucedido con estos dirigentes judíos.  Estaban convencidos de que un poder divino acompañaba a Cristo, pero a fin de resistir a la verdad, atribuyeron la obra del Espíritu Santo al poder de Satanás.  Al hacer esto, prefirieron deliberadamente el engaño; se entregaron a Satanás, y desde entonces fueron dominados por su poder.- El Deseado de todas las gentes, pp. 289, 290. 39

29. TIEMPO PARA ARREPENTIRSE.
Así pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.  Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido.  He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. (2 Corintios 6: 1, 2).
Hermano P, usted pregunta si ha cometido el pecado que no tiene perdón en esta vida o en la venidera.  Contesto que no veo la menor evidencia de que éste sea el caso. ¿En qué consiste el pecado contra el Espíritu Santo?  En atribuir voluntariamente a Satanás la obra del Espíritu Santo.  Supongamos, por ejemplo, que uno presencia la obra especial del Espíritu de Dios.  Tiene evidencia convincente de que la obra está en armonía con las Escrituras, y el Espíritu testifica a su espíritu que es de Dios.  Pero más tarde, cae bajo la tentación -lo domina el orgullo, la suficiencia propia, o alguna otra característica mala y, rechazando toda la evidencia de su carácter divino, declara que lo que antes conoció como ser del Espíritu Santo era poder de Satanás.
Por medio de su Espíritu es como Dios obra en el corazón humano; y cuando los hombres rechazan voluntariamente al Espíritu y declaran que es de Satanás, cortan el conducto por medio del cual Dios puede comunicarse con ellos.  Al negar la evidencia que a Dios le agradó darles, apagan la luz que había resplandecido en sus corazones, y como resultado son dejados en tinieblas.  
Así se cumplen las palabras de Cristo: "Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas" (Luc. 11:35).  Por un tiempo, las personas que han cometido este pecado pueden aparentar ser hijos de Dios; pero cuando se presentan circunstancias que han de desarrollar el carácter, y manifestar qué clase de espíritu las posee, se descubrirá que están en el terreno del enemigo, bajo su negro estandarte.
Hermano mío el Espíritu le invita hoy.  Acuda de todo corazón a Jesús.  Arrepiéntase de sus pecados, haga su confesión a Dios, abandone toda iniquidad y podrá acogerse a sus promesas.  "Mirad a mí, y sed salvos" (Isa. 45: 22), es su misericordiosa invitación.- Joyas de los testimonios, t. 2, pp. 265, 266. 40

30. EL ESPÍRITU ESPERA PACIENTEMENTE.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi  voz y abre la puerta, 
entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. (Apocalipsis 3: 20).
Todos, desde el mayor hasta el menor, deben ser enseñados por Dios.  Podemos ser instruidos por el hombre para ver claramente la verdad, pero sólo Dios puede enseñar para recibir la verdad salvadora, y para que las palabras de vida eterna sean atesoradas en corazones honestos y buenos, Pacientemente el Señor está esperando instruir a cada creyente sincero que desea ser enseñado.  La dificultad no reside en el instructor, el mayor de todos los Maestros, sino en el aprendiz que, aferrándose a sus propias impresiones e ideas, no renuncia a las teorías humanas y tampoco está dispuesto a aprender con humildad.  No permiten que sus conciencias y sus corazones sean educados, disciplinados y adiestrados: como el granjero para labrar la tierra y el arquitecto para construir un edificio.  "Somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor. 3: 9).
Cada uno debe ser labrado, moldeado y adaptado a la semejanza divina.  Mi querido amigo, joven o anciano, Cristo dice:  "Si no coméis la carne del Hijo de hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros; si no acepta las palabras de Cristo como las de un consejero suyo, no podrá dar a conocer su sabiduría ni su vida espiritual.  "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna... 
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él" (Juan 6: 53-56).  Cristo dijo: "El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida"  (v. 63).
Gracias al Espíritu, y al obrar por amor, los que investigan las Escrituras y con fervor buscan entenderla y aceptarla, además de experimentar la santificación que conduce al corazón de la verdad, también serán ayudados a tener la fe que purifica al creyente.  Al alimentarse del Pan de la vida nutrirán todos los nervios y músculos espirituales.
Manuscript  Releases, t. 8, pp. 162, 163. 41

31. EL ESPÍRITU SIEMPRE ESPERA.
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, 
él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he enseñado. (Juan 14: 26).
El Espíritu Santo siempre espera la oportunidad para hacer su obra en el corazón del creyente.  Los que desean aprender pueden establecer una estrecha relación con Dios.  Esto los hace acreedores de la promesa de que el Consolador les enseñará y hará recordar todas las cosas, y que Jesús va a cumplir lo que prometió a sus discípulos cuando estuvo en la tierra.  Pero si dejamos de relacionarnos con Dios, no podremos seguir siendo alumnos en la escuela de Cristo.  
Como consecuencia, perderemos interés en las otras almas por las cuales él también murió.
Resultó muy difícil para los discípulos establecer la diferencia entre las lecciones de Cristo y las enseñanzas de los rabinos, escribas y fariseos.  La formación que recibieron para respetarlas como la voz de Dios, fue un poder sobre su mente que moldeó su manera de pensar.  Los discípulos no podrían vivir y hacer brillar la luz para que actuara sobre ellos, a menos que se liberaran de la influencia que ejercían los dichos y mandamientos humanos, y que las palabras de Cristo, con un mensaje diferente, fueran atesoradas en sus mentes y corazones como joyas preciosas, apreciadas y amadas.
Jesús vino al mundo, vivió una vida santa y murió para entregarle a su iglesia su legado precioso e invalorable.  Hizo a sus discípulos depositarios de las doctrinas más preciosas para ponerlas en las manos de su iglesia, sin la mezcla de los errores y las tradiciones humanas.  Se dio a conocer a sí mismo como la luz del mundo y el Sol de justicia.  A ella le prometió el Consolador, el Espíritu Santo, que el Padre enviaría en su nombre.
"No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros"  (Juan 14: 18).  El Espíritu divino, prometido por el Redentor del mundo, es la presencia y el poder de Dios.  Él no dejará a su pueblo destituido de la gracia, para ser abofeteado por el enemigo de Dios y hostilizado por la opresión del mundo.  El vendrá a ellos. 
Signs of the Times, 16 de noviembre de 1891. 42 RPEGW MHP 

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