lunes, 22 de julio de 2019

11. EL NOMBRE DE NUESTRA ORGANIZACIÓN. III. LA IGLESIA TRIUNFANTE. LA IGLESIA REMANENTE.


Recibí una revelación acerca de la adopción de un nombre por parte del pueblo remanente. Se me mostraron dos clases de personas. Una abarcaba las grandes organizaciones cuyos miembros profesan ser cristianos. Estos hollaban la ley de Dios bajo sus pies y se postraban ante una institución papal. Observaban el primer día de la semana como día de reposo del Señor. La otra clase, en la cual había pocas personas, se prosternaba ante el gran Legislador. Observaba el cuarto mandamiento. Los rasgos peculiares y prominentes de su fe eran la observancia del séptimo día y la espera del aparecimiento de nuestro Señor en el cielo...

No podríamos elegir un nombre más apropiado que el que concuerda con nuestra profesión, expresa nuestra fe y nos señala  106  como pueblo peculiar. El nombre adventista del séptimo día es una reprensión permanente para el mundo protestante. En él se halla la línea de demarcación entre los que adoran a Dios y los que adoran a la bestia y reciben su marca. El gran conflicto se desarrolla entre los mandamientos de Dios y los requisitos de la bestia. Debido a que los santos guardan los diez mandamientos en su totalidad, el dragón guerrea contra ellos. Si quisieran arriar el estandarte y renunciar a las peculiaridades de su fe, el dragón se aplacaría, porque excitan su ira, porque se atreven a levantar el estandarte y a desplegar su bandera en oposición al mundo protestante que adora la institución del papado.

El nombre adventista del séptimo día presenta los verdaderos rasgos de nuestra fe, y convencerá a la mente inquisidora. Como una saeta del carcaj del Señor, herirá a los transgresores de la ley de Dios, e inducirá al arrepentimiento para con Dios y a la fe en nuestro Señor Jesucristo.

Me fue mostrado que casi todo fanático que surge y que desea ocultar sus sentimientos a fin de arrastrar a otros, asevera pertenecer a la iglesia de Dios. Un nombre tal suscitaría enseguida sospechas, porque se 107 emplea para ocultar los errores más absurdos. Este nombre es demasiado indefinido para el pueblo remanente de Dios. Provocaría la sospecha de que tenemos una fe que procuramos encubrir (Joyas de los testimonios, tomo 1, págs. 80, 81. Publicado por primera vez en 1861).

Somos adventistas del séptimo día. ¿Estamos avergonzados de nuestro nombre? Contestamos: ¡No, no! No nos avergonzamos de él. Es el nombre que el Señor nos ha dado. Señala la verdad que ha de probar a las iglesias (Carta 110. Escrita el 7 de julio de 1902).

Somos adventistas del séptimo día, y nunca debemos estar avergonzados de este nombre. Como pueblo debemos tomar una posición firme en favor de la verdad y la justicia. Así glorificaremos a Dios. Seremos librados de los peligros y no seremos entrampados ni corrompidos por ellos. Para que esto pueda ocurrir, debemos mirar siempre a Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe (Carta 106. Escrita el 20 de mayo de 1903). IR EGW 109

miércoles, 10 de julio de 2019

10. UNA SEGURIDAD REPETIDA. III. LA IGLESIA TRIUNFANTE. LA IGLESIA REMANENTE.


El Padre ama a su pueblo hoy como ama a su propio Hijo.
 Algún día será nuestro privilegio verlo cara a cara.
 (Manuscrito 103. Escrito el 15 de septiembre de 1902).
Deberíamos recordar que la iglesia, por debilitada y defectuosa que sea, es el único objeto en la tierra al cual Cristo dedica su suprema atención. La está observando constantemente con solicitud, y la está fortaleciendo con su Santo Espíritu.
 (Manuscrito 155. Escrito el 22 de noviembre de 1902).
Confiad en el cuidado de Dios. Su iglesia debe ser enseñada. Por debilitada y defectuosa que parezca, es el objeto de su suprema atención (Carta 279. Escrita el 1 de agosto de 1904). 102

SIEMPRE CONQUISTANDO MÁS TERRENO
La iglesia debe aumentar su actividad y extender sus límites. Nuestros esfuerzos misioneros deben ser expansivos; debemos extender nuestras fronteras...
Aunque hemos tenido grandes luchas en el esfuerzo de conservar nuestras características distintivas, como cristianos bíblicos siempre hemos estado conquistando más terreno. Al recordar que el temor de Jehová es el principio de la sabiduría, debemos trabajar fervorosamente, orando siempre para que la gracia salvadora de Dios nos instruya a cada paso. Constantemente debemos tratar de descubrir cuál es la voluntad del Señor, y avanzar en armonía con ella. Conozcamos cada vez más al Señor, pues en ese conocimiento se halla la vida eterna.
 (Carta 170. Escrita el 6 de mayo de 1907).

La evidencia de la presencia del Espíritu de Dios con nosotros como pueblo, que hemos tenido durante los últimos cincuenta años, soportará la prueba de los que ahora se están poniendo al lado del enemigo y uniéndose contra el mensaje de Dios. (Carta 356. Escrita el 24 de octubre de 1907). 

Os escribo estas cosas, mis hermanos, 103 aunque no las podáis comprender plenamente. Si no creyera que el ojo del Señor está sobre su pueblo, no podría tener el valor de escribir estas cosas una y otra vez... Dios tiene un pueblo al cual está guiando e instruyendo (Carta 378. Escrita el 11 de noviembre de 1907).

He sido instruida para decir a los adventistas del séptimo día de todo el mundo: Dios ha hecho de nosotros un pueblo para que sea su tesoro peculiar, propiedad suya. Ha determinado que su iglesia en la tierra permanezca perfectamente unida en el Espíritu y el consejo del Señor de los ejércitos hasta el fin del tiempo.
 (Carta 54. Escrita el 21 de enero de 1908).

En un sentido en especial, los adventistas del séptimo día han sido puestos en el mundo como centinelas y transmisores de luz. A ellos ha sido confiada la tarea de dirigir la última amonestación a un mundo que perece. La Palabra de Dios proyecta sobre ellos una luz maravillosa. Una obra de la mayor importancia les ha sido confiada: Proclamar los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Ninguna otra obra puede ser comparada con ésta y nada debe 104 desviar nuestra atención de ella. Las verdades que debemos proclamar al mundo son las más solemnes que jamás hayan sido dadas a seres mortales. Nuestra tarea consiste en proclamarlas. 
(Joyas de los testimonios, tomo 3, pág. 288. Publicado por primera vez en 1909).

No hay nada en este mundo que sea tan querido para Dios como su iglesia. Con celoso cuidado él guarda a los que lo buscan. Nada ofende tanto a Dios como que los siervos de Satanás luchen para privar a su pueblo de sus derechos. El Señor no ha olvidado a los miembros de su pueblo. Satanás señala los errores que han cometido y trata de hacerles creer que así se han separado de Dios. Los ángeles malos tratan de todas maneras de desanimar a los que están luchando por lograr la victoria sobre el pecado. Ponen delante de ellos sus indignidades pasadas, y presentan su caso como si fuera sin esperanza (Carta 136. Escrita el 26 de noviembre de 1910). 105