viernes, 27 de marzo de 2020

01. ELENA G. DE WHITE CLARIFICA LOS TEMAS: “PODER SOBRENATURAL PARA LAS OBRAS NATURALES”. (FE Y OBRAS).


La razón por la cual tantos dejan de ser obreros de éxito es que actúan como si Dios dependiera de ellos, y pretenden sugerirle a Dios qué debe hacer con ellos, en lugar de depender ellos de Dios. Ponen a un lado el poder sobrenatural y dejan de hacer la obra sobrenatural. Dependen todo el tiempo de sus propias facultades humanas y la de sus hermanos.

 Son estrechos en sí mismos y siempre están juzgando según su finita compresión humana. Necesitan elevarse, porque no tiene poder de lo alto. Dios nos da el cuerpo, la energía mental, el tiempo y la oportunidad de trabajar. Es necesario utilizar todos esos recursos al máximo. Combinando la humanidad y la divinidad se puede realizar una obra que durará
 por la eternidad. 
Cuando el hombre piensa que el Señor ha cometido un error en su caso particular, y elige su propia tarea, le espera la frustración. 27 "Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios"  (Efe. 2: 8).  Aquí hay verdad que desarrollará el tema en tu mente si no la cierras a los rayos de luz.  La vida eterna es un regalo infinito.  Esto la coloca fuera de la posibilidad de que nosotros la ganemos, porque es infinita.  Necesariamente tiene que ser un regalo.  Como regalo, tiene que ser recibida por fe, y a Dios debe ofrecerse la gratitud y la alabanza.  Una fe sólida no conducirá a persona alguna al fanatismo o a actuar como el siervo indolente.  

El poder maléfico de Satanás induce a los hombres a mirarse a si mismos en lugar de contemplar a Jesús.  La justicia de Cristo debe estar delante de nosotros si la gloria del Señor llega a ser nuestra retaguardia.  Si hacemos la voluntad de Dios podemos recibir grandes bendiciones como un don gratuito del Señor, pero no porque haya mérito alguno en nosotros; éste no tiene valor.  Hagan la obra de Cristo, y ustedes honrarán a Dios y saldrán más que vencedores por medio de Aquel que nos ama y ha dado su vida por nosotros, para que pudiéramos tener vida y salvación en Cristo Jesús. 28

01. ELENA G. DE WHITE CLARIFICA LOS TEMAS: "DIOS OBRA Y EL HOMBRE OBRA". (FE Y OBRAS).


Dios ha dado a los hombres facultades y capacidades.  Dios obra y coopera con los dones que ha impartido al hombre, y el hombre, siendo partícipe de la naturaleza divina y realizando la obra de Cristo, puede ser vencedor y obtener la vida eterna. 
 El Señor no tiene intención de hacer la obra para cuyo cumplimiento ha dado facultades al hombre.  La parte del hombre debe ser realizada.  Debe ser un colaborador de Dios, llevando el yugo con Cristo, y aprendiendo de su mansedumbre y humildad.  Dios es el poder que todo lo controla.  El otorga los dones; el hombre los recibe y actúa con el poder de la gracia de Cristo como un agente viviente. "Vosotros sois labranza de Dios" (1 Cor. 3: 9).  

El corazón debe ser labrado, mejorado, arado, rastrillado y sembrado a fin de producir su fruto para Dios en buenas obras.  "Vosotros sois edificio de Dios".  No podemos edificar por nosotros mismos.  Hay un Poder fuera de nosotros que tiene que edificar la iglesia, poniendo ladrillo sobre ladrillo y cooperando siempre con las facultades y aptitudes dadas por Dios al hombre.  El Redentor debe hallar un hogar en su edificio.  Dios obra y el hombre obra. 

 Es necesario que continuamente se reciban los dones de Dios, para que pueda haber una entrega de estos dones con la misma liberalidad.  Es un continuo proceso de recibir y devolver.  El Señor ha provisto que el alma 26 reciba alimento de El, a fin de que sea nuevamente entregado en la realización de sus propósitos. Para que haya sobreabundancia, tiene que haber una recepción de divinidad en la humanidad. "Habitaré y andaré 
entre ellos" (2 Cor. 6: 16).

El templo del alma ha de ser sagrado, santo, puro e inmaculado. Debe haber una coparticipación, en la cual todo el poder es de Dios. La responsabilidad reside en nosotros. Debemos recibir en pensamientos y en sentimientos, para dar en expresión. 

La ley de la actividad humana y divina hace del receptor un obrero juntamente con Dios. Lleva al hombre a la posición donde puede, unido con la divinidad, hacer obras de Dios. La humanidad toca a la humanidad. La combinación del poder divino y el agente humano será un éxito completo, porque la justicia de Cristo lo realiza todo.